Sea al nivel que sea, profesional o de barrio, el que tiene el capital hace y deshace en las instituciones.
A algún genio del fútbol, esos que abundan por montones en la actividad, se le ocurrió decir que las sociedades anónimas eran la solución para todos los males que aquejan a los clubes.
En la práctica existen buenos y malos ejemplos. Unos exitosos y otros no tanto, como el caso de Magallanes.
En medio de esta moda de las S.A. en el fútbol chileno a alguien se le ocurrió que la tabla de salvación para el alicaído San Antonio Unido era seguir el camino de la privatización y de las acciones en la bolsa.
Se imagina mañana las acciones lilas entre las más vendidas o a los sanantoninos preocupados de las vicisitudes del mercado.
La realidad del SAU es completamente distinta a la de los grandes clubes. Por eso resulta un poco irrisorio que ciertas personas anden pregonando que tienen la solución para el equipo.
Para que el equipo lila deje de estar en Tercera se necesita de un esfuerzo conjunto de toda la comunidad y no de unos pocos que vieron una posibilidad de negocios.
El camino parece ser otro para el SAU, uno donde todos los actores de la sociedad sanantonina colaboren, desde las autoridades hasta los fieles hinchas del tablón.